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Rise of Babylon {-invocación-}

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Rise of Babylon {-invocación-}

Mensaje por Ellenore el Mar Sep 06, 2016 6:32 am

La razón por la que le he llamado —comenzó a decir tras reunir el suficiente valor— no tiene nada que ver con esta guerra.

El viento disminuyó hasta volverse estático, como acallado por las palabras que profirió su boca. Afuera el clima era gélido invernal, en esos días la nieve había disminuido hasta formar charcos de agua sucia en los adoquines de la terraza y porche de la mansión alemana, ubicada en las afueras de Berlín. Este frío en realidad era una nada para su cuerpo inmortalizado por métodos tachados de oscuros, parte por eso y parte porque el calor de un sentimiento era suficiente para mantenerle.

No estamos hablando de nada romántico —aun cuando Ellenore en esencia es una persona profundamente romántica— que pudiera evocarle la figura a la cual acababa de traer hace segundos al mundo de los vivos, un fantasma del pasado cuya trascendencia causaba fascinación, misterio y ante todo, un profundo respeto, séase por el aura que rodeaba a ese hombre o porque así lo imponía su mirada que bien podría cortar con esta a cualquiera. Nada de eso, estamos hablando de algo que solo provenía de su propio interior.

Decidir siempre es el paso más difícil, pero una vez que se asumen las consecuencias lo que sigue es dejar fluir la marea de los eventos.

La joven rubia de ascendencia francesa esbozó una tímida sonrisa antes de sentarse sobre el tejado al cual fue traída por el espíritu, acomodando cuidadosamente los pliegues de la falda del vestido que llevaba a los lados de sus piernas, dejando que estas colgaran al filo del vacío. Sentía cierto malestar por los daños a su propiedad al mirar el hueco y el desastre en el ático, pero ya estaba resignada, todo estaba hecho, no tenía caso darle más atención por ahora.

Tampoco con el Santo Grial —aclaró mirando directamente a sus ojos, sin vacilar un instante.

En un principio Ellenore pensó en no decir nada respecto a Él, la voz en su cabeza, el ente que había influido en los eventos más dramáticos de su prolongada existencia. De repente su cautela le pareció absurda, típica de los niños temerosos que se avergüenzan de sus miedos por más razonables que fueran para su edad y por más profundos que estos acababan por ser en la futura madurez. De todos modos, el primer rey de la primera dinastía de Uruk no era el tipo de persona al cual se le podría ocultar ciertas cosas por mucho tiempo, en el fondo también deseaba que fuera el tipo de persona que no menospreciase su posición.

En teoría ella no debería ser su master, ni siquiera debería pensar en participar en ese conflicto que nada tenía que ver con sus intereses, ni su pasado, ni sus secretos, ni sus obligaciones. Esa posición correspondía al heredero Endler que descansaba en su lecho, enfermo y débil. El viejo cabeza de familia había decidido que ella tomara abiertamente la posición de representarlos, como un favor de increíble urgencia, algo que sólo podía confiarle, por encima de sus codiciosos y estúpidos sobrinos.

Pero no era esa la razón por la que Elle tomó esa decisión, la razón es todavía más profunda e intrínseca, y mucho tenía que ver con la vocecita misteriosa.

Me pidieron representar a la familia que cuidó de mí, y sigue haciéndolo hasta la fecha —explicó con pasmosa calma, la brisa se atrevió a soplar otra vez, libre de tensiones—, no accedí por agradecimiento, ni por los sentimientos que guardo hacia sus miembros.

Las estrellas brillaban tenuemente, en los últimos días que Ellenore salió a hacer sus paseos nocturnos las había encontrado apagadas y tristes, le animó ver que ahora su luz era más viva. En tiempos de guerra detalles tan pequeños como esos pueden levantar hasta el espíritu más roto, una señal más del universo de que nada terminaba realmente, todo es continuidad.

Aún si solo precipitaba su final, Ellenore continuó y continuaría hasta donde le llevara su decisión, sin arrepentimientos.

Le he llamado porque necesito su ayuda —su mirada se entrecerró, apretando los dedos enlazados de sus manos— un dios está interesado en esta guerra, quiero detenerlo.

musiquita para variar (¿?):
Ellenore
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Re: Rise of Babylon {-invocación-}

Mensaje por Enmerkar el Jue Sep 08, 2016 3:27 pm

Era grande la atención que el antiguo Rey brindaba hacia la joven que ahora funcionaba como su cadena al mundo de los vivos. Vagó de un lado a otro por aquel tejado, un perro que buscaba a su presa... o mas bien, observando el panorama de árboles oscuros que adornaban ciegamente la visión nula de las montañas, todas aquellas ruinas de antiguas vivencias que habían sido olvidadas por los hombres y cubiertas por la naturaleza. Los ojos de Emnerkar estaban encendidos con aquella llama tan vieja como la humanidad misma, algo le mantenía inquieto, una sensación que hacía milenios no sentía.

¿Qué podía perturbar al primer Rey de la humanidad? ¿A caso él podía temer de algo? No tuvo miedo de los dioses de Uruk, su valor y frialdad para engañarlos lo transformó en una leyenda, aquella que fue escrita en las primeras tablas de piedra, objetos que él forjó con sus propias manos. Aquel sentir llegaba a lo mas profundo del corazón de Enmerkar, traspasaba su propia barrera como semi-dios... afectaba a su humanidad.

Sus ojos se clavaron en los de su acompañante, un ceño fruncido demostraba la inquietud que le dejaron aquellas últimas palabras, su rostro reflejó cierta sorpresa que no pudo esconder. - ¿Un... Dios? - fue lo primero que emergió de sus labios. Ahora todo estaba claro, no había duda alguna de que su sospecha era cierta: La Guerra del Santo Grial había sido corrompida, el obrar humano atraía a un holocausto absoluto y los Dioses que la propia humanidad creó, esos todopoderosos seres iban a retornar. ¿A caso la destrucción que pudiesen provocar era la verdadera inquietud? Era algo mas complicado.

- Enki tenía razón, la historia se repetiría - murmuró al viento, transmitiendo aquel nostálgico sentir con la mirada, comunicando sus palabras a aquella que inició todo. - Cuando la humanidad intente alcanzar el poder absoluto, cuando todos aquellos que fueron padres, hijos, hermanos... sabios, cuando todo aquello que vivía en armonía busca el dominio - tomó aire antes de soltar un gran suspiro, dejando caer su cuerpo a un costado de ella, quedándose sentado, mirando con decepción al cielo. Levantó el torso, quedando sentado, llevando su mano derecha al cabello, desatando con un simple movimiento la gran trenza a su espalda, quería sentir la brisa, aquella armonía natural que funcionaba de manera emotiva, dejar que cada cabello volase a la par del aire.

Cruzó los brazos, cerrando los ojos mientras meditaba durante algunos segundos, el silencio parecía determinante para todo aquello a su alrededor, quizás destruiría el resto de la estructura como hizo con parte del techo, quizás acabaría con todo cuanto pudiese... pero no, una risa emergió de su boca, si bien no se trataba de una carcajada, era el gesto de un viejo que hacía gracia de su pequeño y torpe nieto.

- Los dioses nacidos de la incógnita pretenderían dominar como lo hicieron en Uruk, y tú te has vuelto la conexión entre la salvación y el olvido - asintió despacio a sus propias palabras, abriendo lentamente sus ojos. - Nunca creí que Babel necesitara un retorno, un nuevo testamento para la humanidad, pero cuando los ideales se vuelven uno solo... es cuando todos deben ser divididos de nuevo, necesitan un nuevo evangelio, nuevas creencias, nuevas formas de vivir - sentenció.

El cuerpo del Rey empezó a levitar, y a su vez él tomó por el brazo a la joven, llevándola consigo. Entró por aquel hueco en el techo, dejándola de pie sobre la madera del suelo. Tocó la superficie de vuelta, dándose el lujo de caminar como si fuera su propio hogar.

La curiosidad formaba parte de su ser, cada pasillo, cada forma de las esquinas en la estructura, incluso la forma de los muebles era algo que Enmerkar analizaba y comparaba con todo aquello que conoció en su época. Aquella fineza era símbolo de una cultura desconocida por los antiguos, pero eso no era precisamente lo que el Rey buscaba ver.

Pasó por una de las puertas del edificio, llegando hasta una biblioteca que mantenía la misma esencia que el resto del lugar. Tomó uno de los libros, una antigua Biblia que aún mantenía parte del brillo en la portada. Nunca tocó aquel libro en su vida, pero estaba seguro de la aparición de un símbolo, algo de lo que él era consciente de su influencia y poder, aquello causante del desastre.

Su dedo se posicionó sobre el símbolo de la portada, la Santa Cruz que todos habían adorado por centenares de años, motivo por el cual el mundo dio vueltas, algo por lo que se asesinó a miles y algo por lo que muchos darían su vida.

La fidelidad a un solo Dios, era un grave error, no se debía adorar a uno solo. Con el tacto de aquel libro vinieron las visiones y especulaciones, un bufido escapó de su nariz, allí estaba la clave.

- Hay cientos de Dioses, y todos ellos a la vez son mortales, ¿porqué son nombrados así? - apartó su mano de la portada, procediendo a sentarse en un sofá que servía de descanso para su cuerpo, aunque no lo necesitaba. - Porque ustedes los han vuelto así, la fe tiene un poder muy grande y ésta es capaz de hacerlos caer en su propio infierno sin darse cuenta. ¿Nunca te lo has preguntado? ¿Cómo es que se dice tener un "Dios Absoluto" en esta época? Existieron cientos de ellos antes de uno, pero es la ignorancia la que los trajo hasta aquí - cruzó sus piernas, alzando la mirada al techo.

- Antiguamente cometimos ese error, creímos que un solo grupo de Dioses podría protegernos pero estábamos equivocados, yo sabía que era así. Siempre deben existir distintas deidades, debe haber mas de un origen y mas de un final, nunca pueden atraer a uno solo o simplemente ya no habrá si quiera un final. Me has traído con el propósito de detener a este Dios, cumpliré con mi parte mas aún así, tú tendrás la labor mas importante, algo en lo cual se te prohíbe fallar -

Habló sin ningún otro gesto, sin mostrarse distinto, la determinación de Enmerkar era enorme. Extendió sus manos, creando una tabla de piedra en ellas, no tenía nada, simple piedra lisa sin símbolo alguno para cualquiera. Entonces vino el cambio, una media sonrisa se forjó en su piel, esperaba que ella entendiese su tarea. Le presentó el inicio de la historia, tal y como ésta se originó: Una idea sin fundamentos reales, sin una verdadera base.
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