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Viejos conocidos [Privado]

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Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Dolores Fortuna el Dom Ago 14, 2016 3:56 pm

El trabajo de un ejecutor no es lo más glamuroso del mundo pero es algo que me mantiene entrenenida, en ésta ocasión lo que comenzó como una misión de investigación nos ha llevado a éste pequeño bar en los barrios bajos de Chicago. Se trataba de una noche fría, la lluvia acaba de pasar hacía unas horas y el negro asfalto brilla cual río de fresca brea; los vapores de las alcantarillas ascendían sinuosamente para impregnar el ambiente con su pútrido aroma a metano.

Mi compañero y yo estamos esperando fuera del punto de encuentro sentados en nuestro auto, nosotros elegimos el sitio y decidimos vigilar a nuestro contacto antes de la hora acordada. Yo voy tras el volante de un Packard 180 y aunque confío en que el vampiro a mi lado podría conducirlo de manera apropiada no me gusta el dejar mi seguridad en manos de alguien mas que yo. Busco en el asiento trasero una bolsa de papel que pongo sobre mi regazo y saco de ella una hamburguesa que devoro ávidamente, sé que a él le disgusta mi falta de modales pero es eso mismo lo que me insta a seguir haciéndolo, el que no pueda comer mientras yo lo hago con tanta placidez ha llegado a ser uno de los pequeños placeres que tengo durante nuestras misiones.


—Hmm ¿quién lo diría? Después de todo no fue mala idea comprar en aquél drive-through —me relamo los labios y le ofrezco el snack envuelto en una servilleta —Ah pero qué tonta, olvidaba que no puedes comer —le digo como si en realidad hubiera obviado aquél importante detalle para darle un mordizco a la hamburguesa.

Termino en cuestión de minutos y saco de la botella de soda de limón que venía en el paquete; el ruido que hago al beber de la misma es casi exagerado. Cuando se acaba, tomo la servilleta y me limpio los labios; ambos desperdicios acaban en el asiento trasero. Acomodo el espejo del retrovisor y a través de él observo a mi silencioso acompañante, sus refinadas facciones apasibles ante cualquier situación y esa larga cabellera rubia, impecable incluso durante sus combates, me sacan de quisio en algunas ocasiones. Ambos somos tan contrarios como el día y la noche; giro el artilugio y arreglo un poco mi corto flequillo con la mano, los rizos negros ceden ante ellos y saco de la guantera un lápiz labial color carmín pues si bien acabo de comer como un pordiosero no debo lucir como uno.

Delineo mis labios utilizando el retrovisor como espejo de tocador y cuando estoy satisfecha con el resultado, los tallo entre si para uniformizar el color. Con la sonrisa de lado saco una cajetilla de cigarrillos del compartimento para monedas situado tras la palanca de velocidades junto con un encendedor y tras colocarlo en mi boca paso el fuego junto a su punta para comenzar a fumar. El humo del tabaco inunda el interior del automóvil y le ofrezco uno a Lestat, con la caja apuntando hacia él y el blanco interior del cigarrillo puede ser perfectamente observado por él; ya sé que no lo tomará, desconozco la razón pero ha de ser porque es un aristócrata estirado incluso tras su primera muerte.

No hay nada mejor que fumar tras una comida, es insano, lo sé, pero se me quedó la costumbre desde la primer vez que lo hice. Además el fumar me trae buena suerte, lo hago desde mi primera misión exitosa, pues al principio no eran tan calificada como lo soy hoy en día lo cual era bastante obvio puesto que no soy un prodigio. Tomo los binoculares para observar la puerta principal del bar y como buen amuleto que es, el cigarrillo trae consigo a nuestro contacto, le veo entrar bastante apresurado.


—Vamos Lestat, es hora de ver a Mr.Thompson —señalo el bar con el mentón, tomo las llaves del auto y las meto en el puño de mi chaqueta mientras estiro mis largas piernas para dejar el vehículo —Entremos por la puerta de atrás, no queremos llamar mucho la atención —cierro la puerta y con paso firme me dirijo al bar.

Cuando llegamos a la puerta trasera soy la primera en entrar, mi compañero como siempre tiene un papel muy específico, años de trabajar juntos nos han hecho acoplarnos bien durante las misiones aunque en realidad no somos los mejores amigos. Antes de entrar esquivamos un par de borrachos que están riñendo, lo bueno de estos lugares es que casi nadie notará a una pareja de tipos con ropas poco comunes colándose por ahí. A mi derecha están los sanitarios y mas puedo evitar el asquearme por el aroma que despiden, es en esos momentos en los que agradezco no tener los sentidos agudizados de mi camarada, él si se las ve negras en estos lugares y la estruendosa música no ayuda demasiado.

Mr.Thompson, como acordamos, está sentado en la parte más cercana a la puerta trasera de la barra, es un hombre en sus medianos 30 años y aunque desalineado no tiene la pinta de ser un maleante; un común especímen de trabajador de oficina. Le abordo con un abrazo que le rodea la espalda y ocupo el banquillo a su lado, donde me siento con la pierna cruzada sobre la otra y apoyo mi codo sobre la barra.


—¿Qué tal, Mr.Tompson? Sabía que era un hombre de palabra —mi voz es melodiosa y con ánimo de entablar una amena conversación, el cantinero se acerca y le pido un whiskey seco, él me lo da con presteza y le pago.

—No sabía si venir —se le nota nervioso y sus manos tiemblan alrededor de su vaso —El mero hecho de estar aquí puede costarme la vida... pero creo que es algo por lo que vale la pena arriesgarse.

El hombre no es tan altruista como parece, en realidad la Iglesia le había pagado $5 000 y prometido la misma cantidad con nosotros como sus portadores. En lo personal no me molesta el que haya pedido dinero por su información, fue como quitarle una pulga a un perro pues la Iglesia es asquerosamente rica, sin embargo mi compañero y yo sabemos que probablemente no llegue siquiera a gastarlo; es seguro que lo maten casi saliendo de éste bar.

—Y nosotros le agradecemos, pero creo que es mejor pasar rápido a los negocios —tomo de la manga de mi saco una llave distinta a la del auto, una que tiene un número y se la muestro antes de regresarla a su sitio, los ojos del hombre brillan con codicia y por un segundo le veo tratar de tomarla de mis dedos.

—Ah ah ah~ no tan rápido Mr. Thompson —bebo el licor y con una sonrisa le digo: Nosotros ya cumplimos la primera parte del trato, ahora es su turno, dénos el portafolios —extiendo la mano y le veo reacio a cooperar, es hora de que mi compañero entre en acción.

El plan es que yo platicara con él de manera amena y solo en caso de que no quisiera cumplir con el trato, tal como sucede ahora mismo, sería turno de Lestat para actuar como el policía malo de la película.
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Dom Ago 14, 2016 4:28 pm



Viejos conocidos


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Dolores/Lily
Chicago
Noche

”Desagradable”. Era la única palabra que, con facilidad asombrosa y certeza exasperante, acudía a mi mente torturada; los desagradables aromas de aquellos barrios asquerosos en los que, tiempo atrás jamás habría pensado siquiera poner un pie, de débil distracción me servían, siendo preferible el aroma del asfalto humedecido por las pasadas “lágrimas del cielo”, antes que los vulgares modales de mi acompañante que, para casi todos los efectos, era una suerte de jefa para mí. -No, no puedo comer. – Dije con tono mordaz, de forma innecesaria, pero arreglándomelas para no añadir nada más, aunque con la mirada que le dediqué, podría no haber hecho falta… “¡Soy un vampiro, estúpida!” Le quería gritar, porque sí, aquello escocía un poco, aunque jamás lo admitiría. -De cualquier modo, no te preocupes, los alimentos de tan baja categoría nunca me han llamado la atención. –No pude evitar añadir, suprimiendo el estremecimiento que el hecho de pensar en comer algo comprado en el asqueroso y grasoso restaurante, tan del estilo de los que ella parecía preferir, provocaba en mí; no podía culparla por sus pobres gustos alimenticios y, pese a que era una lástima que desperdiciara su sistema digestivo perfectamente funcional con el equivalente a basura comestible, no podía llamarla por los calificativos variados que me nacía simplemente dejar salir, no sería conveniente. No sabía si lo hacía por molestarme, o simplemente porque sus pobres niveles de educación se traducían en un vacío deslumbrante en lo que a sus modales se refería; pero incluso al beber se las arreglaba para que solo pudiera anhelar aplastar aquel vulgar envase plástico contra su rostro tan familiar.

Tengo un objetivo.

Ese pensamiento era el que finalmente se impuso, siempre lo hacía; el conocimiento de servir a un “propósito mayor” –incluso si solo era para mí mismo- me ayudaba a mantener mi fachada, usualmente impasible, que parecía disgustarle a ella. -No puedo creer que vayas a fumar aquí dentro, es un hábito horrible, ¿sabes? – Acompañé el comentario –con voz más amable que los anteriores, debería añadir- con un gesto de la mano, claramente de rechazo; no podía soportar aquel molesto olor, que se impregnaba a todo, forzándome a acarrearlo, de acá para allá, incluso aunque no quisiera; por lo que, recostándome en el asiento, bajé la ventana de mi lado, para permitir que algo del fresco aire nocturno limpiara el prontamente viciado aire del coche.

Cuando ella da la “señal” para ponernos en movimiento, no la sigo de inmediato, pues conozco mi papel en todo este juego que, solo en ocasiones, resultaba divertido. Tras esperar unos segundos, en parte retrasando el aproximarme a un sitio que olía como lo que era -una esquina de un lugar barriobajero sin mayor importancia- finalmente salgo del vehículo e ingreso a la pobre parodia de “local”; desde la entrada observo, tanto a mi acompañante como a nuestro informante, procurando no perderme detalle alguno del lugar; una sonrisa renuente curva mis labios, al admitir, tan solo para mí mismo, que si hay algo en lo que Dolores tiene un gusto decente, eso es en el alcohol.

Extrañamente nos las arreglamos para trabajar bastante bien como un equipo, pese a que con frecuencia solo puedo fantasear con arrancarle la cabeza –cosa que, por el bien de mis planes futuros, no dejo entrever-; sabe lo que se hace y, si no la odiara con las entrañas, hasta podría agradarme por ese motivo. Cuando veo que el sujeto no está dispuesto a cooperar, comienzo a aproximarme. Con mis oscuros pantalones y mi chaqueta de cuero, además de una mirada depredadora que inquietaría a cualquiera, lograba el aspecto de un matón -¡Pero con estilo y buen gusto!-, lo cual era perfecto para desempeñar mi papel de “poli malo” en el interrogatorio.

-Me estaba congelando allá afuera. – Mi voz sobresaltó al soplón que era demasiado estúpido para presentir lo que le esperaba. -Así que decidí entrar a ver como iban. Por lo que veo no han logrado mucho todavía… Hmmmm, me pregunto si debería buscar calor en la cama de la esposa de cierto personaje… Está muy cerca de aquí, y no es como si fueras a volver… pronto. – Añadí la última palabra solo tras un pequeño silencio, como si no hubiera tenido la intención de decirla, alzando una ceja sardónica hacia el hombre de negocios que, me divirtió notar, parecía haber decidido mostrar el arcoíris en su rostro; vi pasar, en rápida sucesión, los delatores tonos de la ira, y luego la palidez del miedo por su cara ligeramente regordeta.

-¡Dejen a Anna fuera de esto…! – Fue su ingeniosa réplica, que podría haber sido más impresionante si su voz no hubiera perdido fuerza y luciera como si estuviera a punto de devolver su almuerzo.

Me senté al otro lado del soplón que comenzaba a apestar a terror -¡Un par de frases y ya lo había llevado más allá del miedo! Estaba mejorando en esto- Aunque no pedí nada, y me limité a contemplarlo con hastío, mientras tamborileaba de forma impaciente con los dedos sobre la superficie de madera –pegajosa debo añadir, se notaba que eran bastante vagos con la limpieza, como si todo el aspecto de bar maltrecho y maloliente fuera requisito para ocupar un lugar en aquellas lamentables excusas de calles-. -Hey, eso depende solo de ti; si cooperaras esto terminaría rápido, yo no me aburriría y no me vería forzado a buscar diversión en otro lugar… Oh, pero espera… - Me detuve, como si acabara de pensar en una buena idea, y le sonreí de la forma en que imagino la serpiente sonrió a la primera mujer pecadora. -Mejor no cooperes, probablemente le harás un favor a tu esposa; ya sabes, debe estar aburrida de ti y yo le podría mostrar lo que es diversión real; es bastante bonita… tengo una foto por aquí… - Dije con voz alegre, mientras sacaba mi billetera –bastante abultada, por supuesto… ¿qué esperaban?- y hacía el amago de buscar en su interior, esperando que eso finalmente presionara los botones correctos y el tipo soltara incluso su contraseña y número de su cuenta en el banco, si así decidíamos preguntársela.

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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Liliana of the Damned el Dom Ago 14, 2016 4:53 pm

Y es en ese instante cuando los nervios de Mr. Thomsonp terminan de estallar de manera silenciosa. Su cuerpo, puesto totalmente en tensión desde que llegara al bar, se relaja tras el profundo suspiro de resignación que sale desde lo más hondo de su ser. El rostro fatigado demuestra lo mismo. Se ha metido en aquel problema por voluntad propia, de modo que no tiene excusas qué poner ahora para negarse en redondo. No con cinco mil euros brillando dentro de los números de su cuenta bancaria personal, y otra suma similar esperándole en el momento en que termine de venderse.

Niega lentamente varias veces con su cabeza, pensando en Anna, en su suerte una vez entregue la información a aquellos dos sujetos de la Iglesia, en el porvenir que seguramente no verá al momento de salir del bar, o quizá, si es afortunado, tras varias horas de esa transacción…

─Está bien. No queda de otra, ¿verdad? ─rezonga mientras hunde distraídamente una de sus manos en el enorme bolsillo de su chaquetón, sin dejar de hablar─. Ya deben de saber de qué se trata, pero de todas formas lo explicaré para efectos formales. Dentro del portafolio que les he traído se encuentra información recolectada por más de mil individuos independientes a la Iglesia, que también tienen cierto interés por la existencia de las criaturas sobrenaturales que esta se encarga de buscar y exterminar. Magi descarriados que ofenden la obra de Dios y que se hallan desamparados por La Asociación, aberraciones creadas en los talleres mágicos de estos o por rituales paganos de considerable poder, así como sus enemigos más clásicos, los Apóstoles Muertos…. Informes de sus recientes apariciones, movimientos y estadías se hallan aquí. El grado de confiabilidad es considerable, tratándose de informantes clandestinos cuya reputación en el negocio es de tener en cuenta. La manera en la que por mi parte, he conseguido unir todo esto en un solo lugar, prefiero que quede en el anonimato. Suficiente tengo con la amenaza de muerte que implica revelar detalles de los monstruos como para que también tema por las posibles represalias de los autores intelectuales, que desconocen el paradero de sus conocimientos registrados…

A medida que hablaba, el hombre componía gestos cada vez más sombríos, en lo que su mano viajaba por cada rincón de su chaquetón buscando la pieza deseada. Algo anda mal, dice la última mueca que demuestra, casi parecida a la de una de auténtico dolor. El portafolio no está en sus manos.

─Mierda, ¿pero qué demonios? Si lo tenía justo aquí…

La frente de Mr. Thomsonp se puebla de un sudor frío y pegajoso mientras sus inquietudes comienzan a hacerse verídicas. El movimiento dentro de su pieza de ropa es cada vez más frenético, hasta que se termina de convencer de la horrible realidad que le rodea. El color abandona su rostro. Los ojos abiertos totalmente muestran un terror auténtico cuando mira a sus lados a los dos agentes que esperan que cumpla su parte del trato… lo que ahora es imposible, pues el material fundamental se ha esfumado de sus manos.

─Es imposible, ¡pero no está! ¡la información ya no está! Juro que salí con ella de mi casa… n-no ha sido mi culpa. ─su voz se afina por el acceso de pánico que le sobreviene─. Incluso cuando entré al bar comprobé que lo tuviera conmigo… maldición, ¿por qué…?

Mr. Thomsonp no cree que los dos individuos de porte imponente le crean una sola palabra, aunque sería absurdo que actuara una reacción de ese tipo si sus intenciones eran las de no darles ningún fragmento de lo que sabía desde el inicio. El hombre intenta calmarse, respirando hondo forzosamente, y tras unos segundos con los ojos cerrados, parece darse cuenta de algo.

─¿Podría haber sido… esa mujer? ─Thomsonp murmura para sí, y empieza a mirar frenéticamente por todos los rincones del bar. Hay mucha gente, mucho humo, ruido, y cuerpos interponiéndose hacia el último sitio donde ha visto la silueta a la que se refiere.

Hace un esfuerzo por recordar, pues, varios minutos antes de que Dolores acudiera a su encuentro, estuvo entretenido charlando con una misteriosa mujer, cuyos rasgos se le hacen de alguna manera parecidos a los de la otra fémina que tiene ahora a su lado; no repara en lo curioso de ese detalle al menos de momento, pues intenta aproximarse a los detalles de la corta charla: ella fue muy amigable y simpática con él, buscando, como suele suceder en esa clase de ambientes, una charla casual mientras evaluaba si valía realmente la pena. Está seguro de que tuvo varias oportunidades de acercársele demasiado, aunque él no recuerda ninguna intención en particular. Allí es cuando se da cuenta de que solo ella pudo haberle quitado el portafolio sin que se percatara del momento o el modo, con gran habilidad.

Se siente engañado y acorralado, con muy poca fortuna esa noche. Con manos temblorosas se seca el sudor del rostro usando un pañuelo de bolsillo antes de sentenciarse a sí mismo.

─Hace poco estuve hablando con una mujer mientras les esperaba. No la conocía de nada… y en ese momento no me pareció sospechoso, pero ahora no descarto la posibilidad de que ella se haya llevado la información que tenía conmigo. ¡No estoy mintiendo! ─se apresuró en agregar, y súbitamente continuó con un hilo de voz─. No gano nada haciéndolo, ya saben. Ella era… como usted. Blanca, de cabellos negros, quizá de la misma estatura o un poco más baja. Nunca me dijo su nombre.

»Habló conmigo por espacio de unos veinte minutos y luego se levantó de su asiento, diciéndome que tenía que irse. Antes de hacerlo se reunió con otra persona que la esperaba al otro lado del bar, un sujeto de piel oscura y traje blanco, de esos que inspiran muy mala espina por la clase de negocios que pueden estar llevando... Los dos iban vestidos de manera muy formal, lo que me llamó la atención. Es posible que estuvieran a punto de ir a alguna reunión sumamente importante…

─El hombre de mala espina se llama Mike Osagie, y es uno de los cabecillas del bajo mundo en este barrio.

La voz que interrumpió a Thomsonp era la del bartender, que estaba de pronto muy cerca de ellos puliendo un vaso de vidrio con un paño. Solo había escuchado lo último dicho por el humilde oficinista, de tal modo que no tenía la más mínima sospecha de que el tema tratado en cuestión fuese uno verdaderamente serio. Por ende, podía darse la libertad de intervenir, para al menos advertirle.

─No sé nada de su acompañante, es la primera vez que la veo por aquí. En cuanto a Mike… si quieren encontrarle, está dando hoy una fiesta de gala dentro de su mansión, en la zona de los ricos. Aunque no les recomiendo que intenten ir si lo que quieren hacer es molestarlo, no les iría bien.

─Mike Osagie… ─repitió Mr. Thomsonp, abriendo luego los ojos de par en par─. ¡Es uno de ellos!

Exclamando eso, miró de hito en hito tanto a Dolores como a Lestat, esperando nervioso ambas reacciones. Sabía que ese día iba a morir, de eso no le cabía duda al oficinista, pero nunca se habría esperado que dentro de las posibilidades existiera la de fallecer por culpa de sus propios clientes, en el supuesto de que éstos pensaran que en realidad les estaba mintiendo, a fin de cuentas. ¿Qué podría hacer para demostrar su sinceridad?








Hay una mujer, de eso no nos cabe duda. Y al lado de ella, un hombre que resalta por su traje inmaculado de punta a punta. Los dos caminan un rato por las oscuras calles de Chicago, hasta detenerse silenciosamente en una esquina. Allí les espera un elegante coche.

El hombre aguarda a que su chófer le abra la puerta a su invitada, para que sea la primera en entrar al interior del auto. Ella lo hace con elegancia. Luego va él. Antes de hacerlo mira en una dirección a lo lejos, como si estuviese siendo llamado desde otro lado, pero como son solo meros sentimientos vagos que fácilmente se confunden con otra clase de emociones, lo deja pasar, introduciéndose en su lujoso medio de transporte.

Sin emitir un solo ruido, el coche avanza por las calles hasta dejar todo lo demás atrás. En su interior, sumido en penumbras a gusto de los pasajeros, se escuchan las dos voces hablando.

¿Entonces? ¿Vas a descifrarlo por mí, querido Mike?

Pero por supuesto. Sólo espera que lleguemos a la fiesta. Será un ambiente más ameno para hablar de ello todo lo que quieras, mi estimada invitada.
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Dolores Fortuna el Dom Ago 14, 2016 6:43 pm

La rutina del policía bueno y policía malo nunca nos ha defraudado, hay veces en que nos intercambiamos los papeles, digo ¿acaso no es obvio que mi a compañero le sale mejor ser el bueno? En cualquier caso, me divierte de cierta forma verlo en su fase de matón y aún de esa forma no puede quitársele lo estirado; algunos hábitos no se olvidan nada más así. En ésta ocasión eligió herir el orgullo masculino -si es que tiene uno- de nuestro contacto le salió tan de maravilla que el pobre casi se mea en los pantalones; río por lo bajo, de forma corta y burlona.

Me limito a seguir bebiendo mi trago, paso a segundo plano, en ésta ocasión no tuve que intervenir por la pobre víctima de mi blondo compañero. Enciendo otro cigarrillo y espero apaciblemente por el resultado; el tipo se tranquiliza un poco y trata de hacernos creer que su trabajo es noble y peligroso, parpadeo lentamente y suspiro antes de girar en el banquillo para verle de frente, a la espera del dichoso portafolio... artefacto que parece no traer consigo.


—¿Cómo que no está? —el tono de mi voz es de precaución, un tanto bajo y trato de suprimir la frustración que me causa tan absurdo motivo, debo ser el policía bueno pero se me dificulta un poco, debo ingeniármelas para parecer comprensiva.

—De seguro es una equivocación, ¿verdad? Busque de nuevo, tómese todo el tiempo necesario para ello —le ofrezco una sonrisa para que se calme, muevo los brazos en un ademán que indica le doy poca importancia al asunto aunque por dentro me muera de ganas por reventar su simplón rostro contra la barra del bar.

Incluso cuando menciona a una mujer pretendo no prestarle mucha atención, era obvio que alguien había enviado quizá a una prostituta a engatuzarlo y entre manoseadas quitarle al distraído oficinista el portafolio. Los hombres son tan predecibles, les mandas un par de enormes tetas colgando de un bello rostro, caminando con un par de largas piernas y pierden la cabeza. Son contados aquellos que no encajan en ese cliché, miro de reojo a mi compañero en busca de lo que piensa de todo éste circo sin sentido; algo que he aprendido con el tiempo es que él es un buen juez del comportamiento humano, irónico ¿no es así?

Escucho con atención la descripción que nos da de la persona, suena a alguien bastante común lo cual nos dificultará el encontrarla; es en momentos como estos que los guardias de seguridad hubieran sido de utilidad, sin embargo elegimos éste sitio por la falta de los mismos, vaya ironía. Mis pensamientos son interrumpidos por al bartender que acaba de anexarse a la conversación y mi atención se desvía hacia él; tomo nota del nombre del hombre que acompañaba a la desconocida mujer, por lo menos es un comienzo.


—Nosotros confiamos en su palabra, Mr.Thompson; y ya que parece que el nombre hizo sonar algunas campanas en su mente quiero creer que no le molestará mucho el llevarnos hasta allá —le doy una palmada en la espalda y una sonrisa que no es más que una amenaza; la policía buena ha desaparecido para dar paso a la ejecutora despiadada que no se tentará el corazón para apuñalarlo en la cara ni un segundo.

—¿¡Acaso está loca!? —por lo visto no tiene sentido común ni instinto de autopreservación, aunque era de esperarse, mira que confiar en nosotros no era un indicio de su buen juicio.

El hombre se puso de todos los colores, no sabía cómo salir de ésta, a decir verdad, fue algo muy gracioso; bajo del banquillo para jalar al oficinista del brazo y arrastrarlo hacia el callejón de atrás. Lestat ya sabe lo que tiene que hacer así que no necesito el recordarle que es momento de irnos a romperle algunos dedos a Mr.Thompson de ser necesario, siendo sincera es lo que quiero hacerle por pensar con la cabeza que tiene entre las piernas y no con la que descansa sobre sus hombros.

Le arrastro hacia el callejón y los que ya están ahí ni se inmutan, es una vista bastante común por estos lares; él trata de escaparse, pero no tarda mucho en comenzar a soltar la sopa... y otros contenidos de su estómago en el proceso. Lo usé como saco de arena por algunos minutos pero surtió efecto, nos dio una dirección y lo vi desde arriba.


—Que esto le sirva de lección Mr.Thompson, no debe volver a confiar en una cara linda —la última ceniza de mi cigarro cae al pavimento —Un momento de diversión le acaba de costar $5 000; nuestro trato ha terminado —lanzo la colilla hacia el charco de sangre del sujeto y éste se apaga al contacto mientras él cae sobre su propio vómito.

Mis tacones hacen eco en el callejón mientras me dirijo hacia mi auto, no hay necesidad de decirle a mi compañero hacia dónde nos dirigimos, entro al vehículo y enciendo su motor. De acuerdo a lo que dijo nuestro soplón e infiero por el bartender es que están en una de esas fiestas de estirados que tanto amaría Lestat, río por lo bajo y le miro de lado.


—Creo que vamos a colarnos a esa fiesta, ¿te llama la idea de disfrazarte, Lestat? —le digo en tono burlón, tratando de sacarle más de dos palabras al rubio —Para ser sincera, detesto esa clase de fiestas, no son divertidas en lo más mínimo y ni siquiera dan comida decente —enciendo otro cigarrillo.

—Aunque creo que la localización del evento nos es ventajosa, si mi conocimiento de las calles de Chicago no está oxidado nos dirigimos a las afueras, cerca de un bosque y es probable que la mansión tenga una entrada cerca de ahí —a la hora de planear algo, me gusta el debatir aunque sea conmigo misma.

—Podemos llegar ahí y colarnos como invitados, yo podría cambiar mi atuendo y el tuyo antes de llegar —abro la ventanilla y tiro la ceniza por la ventana.

Recuerdo que hay un mapa de la ciudad en la guantera y le digo al vampiro que confirme mis sospechas aunque sé que no estoy equivocada. Espero por su respuesta y finjo satisfacción ante ello; acabamos de dejar la carretera de la ciudad para ir por la interestatal hacia nuestro destino, el camino es sinuoso y comienza a brisar por lo que enciendo el limpia parabrisas para no salir volando al despeñadero.

Tras una hora de viaje, estaciono el auto a una distancia prudente dentro del bosque, el terreno es ahora solo suelo lodoso entre los árboles pero la vegetación nos mantiene ocultos y es accesible en caso de que necesitemos escapar -lo cual es muy probable. A ésta distancia puedo ver la mansión, de estilo antiguo cual palacio medieval pero se ven luces artificiales dentro de la misma y apuntando hacia el cielo, necesito los binoculares para poder ver la entrada a la misma. El plan es simple, yo entraré como invitada y Lestat como camarero; nos dirigiremos a la entrada de servicio y esperaremos a que salga un incauto para copiar su uniforme pero para ello necesito verlo una sola vez.

Doy un paso para atrás y transmuto el atuendo que tengo, los pantalones y chaqueta de sacerdote se funden de nuevo conmigo y regresan como un diferente modelo. Ahora solo queda esperar por alguno de ellos, lo cual sucede en menos de 15 minutos. Procedo a modificar la vestimenta de mi compañero acorde a la del camarero y sucede exactamente lo mismo que con la mía excepto que la suya no se funde con él. Otro camarero sale y con paso tímido me le acerco, es hora de jugar a ser la damisela en desgracia pero en versión mimada, quiebro el tacón de mi zapatilla y me acerco a él cogeando un poco.


—Disculpe, camarero... —la voz que emito me es repugnante, chillona y denota estupidez —Mi acompañante y yo salimos a fumar un poco pero él tuvo que entrar antes que yo y... —río frívolamente —Esto me da mucha pena, quise regresar dentro pero perdí la entrada...

El camarero me mira un tanto exasperado y se ve que anda con prisa, pero me ayuda a entrar por la puerta de servicio; veo camareros ir y venir apresurados, al parecer es una fiesta grande y los tiene muy ocupados. yo aprovecho la situación para entrar en el salón y, tras tomar una flauta de champagne, hacer una entrada discreta para buscar al dichoso Mike Osagie.

Se trata de una reunión de gente estirada y pretenciosa... la clase de gente con la que Lestat se mezclaría de maravilla, me vuelvo a preguntar por qué demonios tuve que ser yo la que entrara como invitada y no él pero me dirijo a la mesa de bocadillos, no hay muchos mirándola de todas formas mas recuerdo lo que Mr.Thompson dijo acerca de nuestro nuevo objetivo: es uno de ellos. Eso explicaría el porqué no muchos se acercan por lo que me abstengo de comer pero sorbo un poco de la espumosa bebida.

La fiesta se desarrolla en el centro de la mansión y hay esculturas de hielo sobre algunas de las mesas, puedo ver una pirámide de copas en otra parte y uno de los camareros hace gala de su destreza al hacer que se escurra elegantemente la champagne por todas ellas. Hay un segundo piso, donde veo platicar a algunos otros invitados que entran a las habitaciones, ahora me pregunto: si fuera un jefe malévolo ¿dónde me encontraría?
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Dom Ago 14, 2016 7:23 pm



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Noche
No podía estar seguro de si aquella alimaña había descubierto una parte de su valor –y dignidad- tiempo atrás olvidada, o si sus nervios habían cruzado la frontera del miedo, aquella en que estar más asustado ya no es posible y te ves forzado a aceptar la crueldad del universo, abrazando tu destino con una reverencia a la muerte, o simplemente te ahogas en la desesperación que paraliza la carne y esclaviza tu alma; pero, fuera como fuera, de pronto pudo comenzar a formar más de una oración coherente, ¡y de forma seguida! Aunque era una lástima que ninguna de las palabras que fluyeron de entre sus labios como las primeras gotas de un río contaminado, nos sirviera de algo más que para despertar nuestra ira ante la incompetencia del vil gusano.

-No intentes impresionarnos, no nos interesa el peligro que corres, ni como te las arreglas para hacerte con información tan valiosa; nos interesa lo que tienes, y nada más que eso. – Sin que pudiera –o quisiera evitarlo- mi voz goteaba desprecio del mismo modo en que los colmillos de una serpiente segregan veneno; sentía el impulso de pinchar su burbuja, y quitarle cualquier terreno de comodidad que fuera capaz de alcanzar, de modo que volviera a ser el tembloroso ratoncillo que temblaba ante la mirada más leve. -En lugar de hablar deberías darte prisa, o no tendrás que preocuparte nunca más por lo que te podrían hacer tus colaboradores… No puedes dañar a los muertos, después de todo. –

Realmente estaba disfrutando con aquella rutina; ver la sangre huir de su rostro era un deleite del que no muy a menudo podía llegar a disfrutar, y me ayudaba a liberar la tensión a la que me sometía la sola presencia de Dolores, siendo una forma bastante retorcida, pero muy placentera, de terapia.

-¡Ahahahahahaha, lo perdiste! Realmente te las arreglaste para perderlo… ¿Cuan estúpida puede ser una persona? – Pregunté lo último, aunque sin esperar respuesta; había notado la pequeña dificultad de Dolores para mantener su fachada y no salirse de su papel del policía bueno, imaginaba que estaría deseando apuñalar en el rostro al patán por imbécil, lo que justificaba una respuesta mucho más física por mi parte; estaba buscando una excusa, lo admito, pero fue tan liberador extender la mano hasta cogerlo por el cuello de la camisa, apretando con la suficiente fuerza para cortarle el flujo del aire que le era tan preciado, y todo ello sin esfuerzo aparente. Mientras su rostro comenzaba a adquirir las tonalidades previas a la pérdida de la consciencia, comencé a agitarlo, como haría un perro con un hueso, aunque procurando no causarle serios daños en el proceso, pese a que el impulso de apretar y apretar, hasta que mis dedos cavaran en la carne, exponiendo la sangre y el hueso, no hacía sino acrecentarse con cada movimiento.

-Tú realmente eres idiota; una mujer, probablemente hermosa, se te aproxima y tu caes como un niño… ¿Es que no sabes que nadie así se te aproximaría a menos que buscara algo? Y ese algo de seguro no es tu compañía, cerdo. – Ni una mujer daría un centavo por la compañía de semejante despojo; un aproximamiento casual a alguien como yo por parte de una mujer, sería algo natural, pero a un perdedor como éste solo una apuesta o mucho dinero le conseguiría compañía agradable. Finalmente lo liberé, cuando no me podía permitir atraer más atención, y llevé mi mano a cubrir mi rostro, en un dramático gesto, como si aún no pudiera creer la ingenuidad de éste hombre.

Cuando finalmente pudo llevar el aire suficiente a sus pulmones que de seguro ardían como el infierno, no pudo replicar nada ante mis palabras o acciones, pues se vio arrastrado por mi compañera, que se despojaba de toda “máscara” y lo arrastraba a la salida; gracias a la intervención del bartender que poco y nada de la situación real comprendía, ahora ya sabíamos cual sería nuestro siguiente paso. En un lugar de mala muerte como en el que tenía la desgracia de estar sentado, una actitud como la mía no era inusual, lo que había permitido que nadie osara interrumpir tan inapropiado despliegue.

Dejé caer algo de dinero en la barra asquerosa, pese a que no había bebido nada; era tanto una compensación por el espectáculo, como un arranque de lo que quizás era compasión, o una forma de mitigar el asco que el lugar me producía. -Con eso de seguro puedes comprar algo para limpiar esta barra tan sucia. – Dije al bartender y me giré, para seguir los pasos del hombre que medio caminaba, medio era arrastrado, hacia la salida; si hubiera sabido con qué poder lograr que la barra tuviera un aspecto decente, se lo habría dicho, pero por supuesto, jamás me había preocupado por limpiar por mí mismo, exceptuando tal vez, la sangre que solía desparramar al montar un espectáculo censurable.

Las pocas “almas”, sin duda corruptas, que en el callejón se encontraban no tardaron en recordar que debían estar en otro lugar cuando les dediqué una mirada que supieron reconocer; en lo profundo de su interior sus instintos les avisaron que estaban ante un depredador, y que ellos serían las presas si no se largaban a paso veloz, por lo que lo hicieron. Me limité a cruzarme de brazos mientras miraba la golpiza, sin intentar tomar parte en ella pues de seguro terminaría asqueroso; en silencio le ofrecí a dolores un blanco pañuelo que saqué de entre mis ropas, para que pudiera limpiar sus manos de la sangre que había caído sobre su piel otrora inmaculada. -Quédatelo. – Dije mientras daba un paso hacia el tipo en el suelo, aplastando con una sonrisa su cabeza con mi pie, de modo que se restregara su rostro por el charco de su propia sangre, abriendo algunas pocas heridas más en su carne. -Para que seas más cuidadoso la próxima vez. Recuerda, ninguna mujer, mucho menos una atractiva, se aproximaría a ti de buena gana; si una lo hace, es una trampa, algo de seguro quiere de ti. –

Tras compartir aquellas acertadas palabras, que esperaba tomara como lección de vida, me giré para ir hacia el coche, sin dedicarle más de mi tiempo a alguien que nunca valió ni un segundo. -Disfrazarnos suena como un buen plan para mí. Aunque si la información de la que disponemos es correcta… tu destacarás como lo haría un lobo que se pasea entre un rebaño de ovejas. – Dije con una sonrisa una vez estuvimos en marcha; y es que ella no era precisamente la señorita modales y dudaba que supiera comportarse a la altura de tal situación. -Y por eso tu entrarás como una invitada, quizás yo lo haga como camarero. Si llamas mucho la atención nadie se fijará en el extraño camarero. –

Expuse la idea con una sonrisa ligera, que denotaba que claramente disfrutaba con aquella idea. -¿Puedes hacerlo, verdad? – Alcé una ceja de forma interrogante al tiempo que desafiante, pues sabía que tenía más probabilidades de que aceptara mi plan si la picaba un poco; si teníamos que trabajar bien podía disfrutar de todo el proceso, y ver como pasaría apuros para intentar mezclarse, realmente me haría la noche; no podría encajar, aunque lo intentara, bien que lo sabía, las “armas” para sobrevivir entre los asistentes a una fiesta como a la que nos infiltraríamos, no se podían conseguir tan fácilmente.

No, el conocimiento de Dolores respecto de las calles de la ciudad no estaba oxidado; aunque encontré el mapa que me pedía, mucha de mi ayuda no necesitó, y encontramos el sitio en relativamente poco tiempo. -Esa habilidad tuya puede resultar muy útil. – Le dirigí un cumplido, muy a mi pesar, tras contemplar como, casi sin esfuerzo, transformaba el atuendo de ambos para que pudiéramos encajar en la fiesta. Tras esperar a que la introdujeran en el interior, me colé en silencio por la puerta de servicio, y me dispuse a desempeñar mi papel como era debido; en muchas de aquellas fiestas había estado en mis largos años de vida, por lo que conocía –más o menos- el trabajo de los camareros; claro, solo sabía lo básico para interactuar con los invitados, pero era todo lo que necesitaba; dudaba que incluso por el bien de la misión valiera la pena fingir por completo, pues ni loco me pondría a lavar o limpiar, ni me dedicaría a las tareas que solo el cielo sabía que tenían que realizar los camareros de forma habitual; respetaba el trabajo, pues alguien debía hacerlo, pero estaba claro que ese alguien no era yo.

Cogí una bandeja llena de copas y me encaminé al salón de la fiesta, aprovechando de buscar al sujeto que necesitábamos mientras entregaba alcohol a los invitados; mientras más atención atrajera Dolores, más fácil sería mi labor, pues podría deslizarme de la vista cuando nadie me observara, para buscar en las profundidades de la mansión.


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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Liliana of the Damned el Mar Ago 16, 2016 9:39 pm

Todo lo que tiene ese modesto portafolio… es increíble. Información no de miles, sino de millones de identidades ocultas al mundo, se describen de forma organizada con cada página desencriptada párrafo por párrafo por Mike. Apuntado en una nueva copia realizada mediante un hechizo mágico especial, cada dato desde lo más general hasta lo específico desfila a los ojos de aquella pareja que yace dentro de una lujosa habitación tipo estudio, rebosante de estantes y muebles de madera caoba reluciente. Información encriptada pero no imposible de descifrar, pues le ha quitado una hora de su tiempo a Osagie para poder empezar a descrifrarlo, aunque al final, lo logra. Con los resultados que ahora tanto él, como su compañera, pueden ver.

Tanto que se puede saber, y tan poco tiempo… es una lástima. De haber sabido que esto existía lo hubiese buscado muchos días antes por mi propia cuenta. La seguridad de ese alfeñique informante sería moco de pavo para mis muchachos si las cosas tendrían que aparentar ser por asuntos que involucraran a la sociedad humana.

Mike Osagie, manteniendo una postura compuesta, elegante, y pulcra con su traje igual de inmaculado, entrelaza ambas manos contemplando todos los documentos que tiene al frente, soltando un silbido de impresión. A su espalda, la misteriosa mujer, hermosa astuta, contempla lo mismo con suma tranquilidad, apenas esbozando una sonrisa satisfecha en sus labios.

El momento fue el justo.

¿Eso crees? Tienes razón al suponer que tiene lo que quieres ahora, pero, contemplemos las posibilidades. No solo puedes saber qué clase de enemigos o aliados pudieran estar en ese pueblucho al que pretendes moverte, sino en todo el mundo. ¿A cuántos no quisieras encontrar para aniquilar después de tantos siglos viva, querida?

La sonrisa en ella tiembla y se ensancha sin poder evitarse. Mike también sonríe, como si le estuviese leyendo los pensamientos. Esto es imposible, pero al menos la idea principal puede asegurar que la conoce muy bien. La naturaleza de su compañera es demasiado clara una vez estableces una relación con ella, como para no poder hacer una simple suposición que termine siendo acertada.

Y a eso me refería al decir que hubiese sido mejor el haber sabido de esto con mayor antelación.

El cuerpo de su invitada se aleja hacia las ventanas de la habitación. Existe desde ese sitio, una vista que ofrece el panorama de lo que hay al frente de la enorme mansión en donde ambos residen justo ahora. Un largo terreno casi interminable, compuesto por bosques y caminos de tierra que llevan hasta allí, separado de la civilización. La tranquilidad de la naturaleza se siente con intensidad, y le confiere a la oscuridad de la noche un tono incluso mayor al que se encuentra dentro de las grandes urbes, ahogado por lo artificial de cada metro cuadrado que compone una ciudad. Afuera, en la intemperie, no es audible ningún sonido distinto al de los insectos cantando y el mecer calmo del viento.

Mike ordena en silencio algunas cosas, antes de dirigirse de nuevo a ella, contemplando su espalda blanca a través del elegante escote del vestido oscuro que lleva puesto para la ocasión. La silueta amparada en las sombras, resalta por los rayos de luna que se filtran a través de la ventana. Una mujer ensimismada en la belleza que contempla, y en pensamientos ajenos al resto del mundo.

¿Viste algo interesante entre tantas fotografías desfilando frente a tus ojos?

Unos más conocidos que otros.

Esa referencia es demasiado superficial para lo que de verdad piensa que significaron algunos nombres inscritos para ella. Recuerda las manos femeninas aferrándose con fuerza al respaldo de su silla detrás de él durante algunos instantes. El crujido suave de la madera rechinó al menos tres veces, dentro de la cuenta que llevó.

Nuestros asuntos aquí están terminados, querida. Solo nos queda disfrutar de esta noche antes de tu partida. Admito que esta visita ha sido tan sorprendente como agradable para mí, y lamento que vaya a terminar tan pronto.

Mike… tú siempre tan halagador.

Es mi naturaleza, ya sabes.

Osagie ríe, y se levanta con un porte desgarbado. Abre la puerta de esa oficina en penumbras, y le ofrece la salida a su invitada, que camina con pasos ligeros hasta allá para reunirse a su lado. El sonido de algarabía, música y miles de voces entremezcladas, se filtra desde el exterior.






Esta es la Mansión Osagie, a las afueras de la ciudad, con más de mil hectáreas en su posesión, el terreno abarca la mayor parte del bosque circundante. Su dueño, Mike, lleva miles de negocios de altos ingresos, en los que desfilan con aparente notoriedad, los relacionados al bajo mundo y algunas empresas famosas de modelaje y revistas de la época. Es un ícono sólo célebre en los que están metidos en “ese mundo”. Para el resto de la sociedad, pasa desapercibido, pues, una de las peculiaridades de este personaje es su inapetencia a las apariciones públicas que no sean de la clase nocturna. De día, prácticamente no existe. Sin embargo, las horas que le confiere la oscuridad son más que suficientes para, diariamente, reafirmar el peso de su poder dentro de las sociedades en donde ha logrado echar raíces con el pasar de los años.

Las fiestas de Mike siempre son de un estilo muy elegante, ceñido a lo victoriano. Por tradiciones de su familia, dice. Como en esta ocasión, siempre su mansión se cubre de adornos y un ambiente lleno de distinción, con un servicio de mayordomos dispuestos a siempre satisfacer los deseos de sus invitados en cuanto a bocadillos y bebidas se refiere, así como decoraciones fantásticas que no pierden el estilo recatado. Estatuas de hielo pulido, brillantes, se pueden apreciar en el recibidor, la sala, y cerca de las estaciones donde abunda la comida. Una acomodada barra se sitúa en el fondo, con varios miembros del servicio disponiendo sus manos hábiles para la preparación de licores preferenciales, exclusivos. Cerca de un atrio elaborado específicamente para esas ocasiones, una pequeña orquesta compone melodías para el deleite de los más acaudalados.

Mujeres y hombres bien vestidos, con modales y apariencias de la alta alcurnia, componen la audiencia que acude por diversión. Parejas que bailan con soltura en un espacio, y el resto desperdigados por todas partes hablando en nutridos grupos o con escasos acompañantes. Dentaduras, peinados y trajes perfectos. Es la alta sociedad de la ciudad la que está allí.

Todos humanos.

Al menos, los que no pertenecen al grupo más afín del anfitrión. Los hombres vestidos en trajes negros que ocultan sus rostros con lentes a pesar de que ya es de noche. Los cuerpos de seguridad parecen estar más rígidos de lo que se tiene acostumbrado, y esta en realidad es su postura regular.

Poco después de que la infiltración tanto de Dolores como de Lestat se hace satisfactoria, Mike y su invitada deciden unirse a la fiesta. Ambos hacen acto de presencia descendiendo las escaleras centrales del gran salón, el famoso jefe sonriendo ampliamente cuando muchos advierten su presencia y le saludan con gestos o palabras en la distancia; es difícil el no notar que el dueño de toda la celebración es nada más ni nada menos que él. La mujer de cabellos negros no parece sentirse intimidada por el centenar de miradas que la inspeccionan detalladamente, aunque se aparentan de manera discreta, pues nunca antes la habían visto. Ella contempla sin inhibición y devuelve los gestos, con una sonrisa que se aparenta carente de malicia en su rostro.

Se unen a los grupos, saludando. Mike presenta a su invitada y habla con los que se le acercan manteniendo siempre una amplia cordialidad. Como si esta fuera una de tantas fiestas que hiciera desde la primera vez que se le ocurriera divertirse de esa forma.
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Dolores Fortuna el Vie Ago 26, 2016 12:03 am

Arg! Cómo detesto éste tipo de situaciones; la música apesta, la bebida es pretenciosa y no puedo probar siquiera bocado de la comida que casi me pide a gritos la rescate de la mesa de bocadillos. Veo pasar a los camareros con sus charolas con champagne y otros canapés; alguien comienza a tomarlos y no puedo evitar el pensar que se trata de una trampa. Si yo fuera un vampiro montando una fiesta para mis tentenpiés me gustaría tenerlos flojitos y cooperando, así que no me armo de valor para atiborrarme la boca con pastelillos de formas sofisticadas.

Ahora que comprobé que hay mortales en el evento no puedo armar un zafarrancho que les ponga en peligro, aunque si salen mal parados será por mala suerte. Daño colateral lo llamaría la Iglesia y, aunque en teoría tenemos carta blanca para hacerlo, el incidente terminaría de todas formas en un expediente para futuras referencias. No es como si a mi me interesara el que no piensen en mi como Dolores "la mata mortales" Fortuna, pero no cuadra mucho con la imagen que me he forjado a través de los últimos años y tampoco inspira mucho respeto que digamos.

Pero volviendo al punto, sigo sin encontrar una manera de llamar la atención sin que esto termine en una masacre innecesaria. Habría muchas formas de hecho, podría asegurar que alguien me empujó y hacerme la digna; la desventaja es que podría tratarse de uno de ellos y notaría rápidamente que no me empujó y que sólo es una treta mía. Otra forma es la de fingir un soponcio, todo dramático para que me hagan ruedita, pero eso no distraería a todos en la fiesta mas que a algunos camareros.

Debí haber puesto más atención a esas obras de teatro de las que pareciera salió Lestat, de esa forma sabría cómo es que la gente refinada trabaja, yo soy más de ver filmes noir. Mas cuando no puedes encontrar una salida, lo más estúpido es la solución; hay una pequeña orquesta interpretando música de ambiente y, aunque no todos están al pendiente de ello podrían servirme de algo al final de cuentas ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Será porque siempre termino durmiéndome en la parte interesante de las obras teatrales de corte victoriano.

Coloco la flauta de champagne en una de las charolas que lleva un mesero y la reemplazo por una nueva; busco a mi compañero con la mirada y le diviso repartiendo bebidas a la distancia. Aún realizando actividades de la servidumbre no puede evitar el verse compuesto y claro que no puedo evitar el desear burlarme de él pero no es momento para ello, quizá en otra ocasión. Vaya que él podría haber montado algo digno de haber estado en mi situación, pero él hubiera sido más dramático.

La pieza que interpretaban ha terminado por una fracción de segundo para ser reemplazada por otra que parece ser la continuación de la anterior, mas no es así, ellos se las arreglan para elegir música acorde entre si para dar esa sensación de secuencia. Camino hacia ellos con una seguridad que obliga a algunos de los invitados a darme paso; me dirijo al director de orquesta y le hablo al oído.


—Buena noche maestro, Mr.Osagie me ha pedido que cante para los invitados —le guiño el ojo y sonrío de lado mientras le digo que interpretaré canciones de Edith Piaf, las cuales debe conocer y, aunque no sea así, no es difícil seguirme el ritmo, después de todo, ella es centro de un escándalo ahora mismo.

Él no pone resistencia, el mero hecho de que mencioné al anfitrión hace que acceda de prisa y, ahora pensarán ¿por qué elegí cantar en lugar de montar un circo? A decir verdad ya me estaba aburriendo escuchar su repertorio, nunca he sido gran fan de la música clásica.

Estoy en la parte delantera central del atrio para la orquesta, tomo el micrófono de uno de los violines y lo acomodo a mi altura; el aparatejo emite su tan característico chillido a causa del magnetismo de las bocinas. Si la repentina interrupción de la música no fue percibida por los invitados el micrófono obró maravillas en ello, pues vi a varias personas sobresaltarse ante tal hecho.

Las trompetas abren la presentación y es en ese momento que se nota el completo cambio de estilo, ahora se trata de una balada proveniente de Francia en los años 30. Mi voz nunca ha sido la más melodiosa, no puedo alcanzar las notas altas y tampoco tengo un timbre muy atractivo que digamos, lo único que se me da bien es el alcanzar las notas bajas. Sin embargo, eso fue suficiente para que algunos se quedaran viendo el espectáculo; a decir verdad no le puse mucha atención a cómo realicé mi actuación, fuera buena o mala ya tenía a muchos volteando hacia el atrio.

Tras la primera canción se escucharon una conciderable cantidad de aplausos por lo que decidí seguir ésta charada, al parecer aquí hay gente que cree en la inocencia de la cantante, por lo menos así Lestat tendrá el tiempo suficiente para escabullirse entre los invitados y buscar el portafolios. Y así interpteto no solo una segunda sino una tercera canción hasta que me es imposible el mantenerlos atentos hacia mi persona, ya no podía estar en el escenario ni un segundo más... literalmente.

Por las escaleras principales baja una pareja que parece ser muy importante, todos se arremolinan en dirección a ellos. Desde el más lejano hasta aquellos que tuvieron la suerte de estar al pie de la escalinata en ese momento, todos tenían algo que ver con el dúo.

Un escalosfrío recorrió todo mi ser, algo no anda bien; no terminé la tercera canción por educación hacia el anfitrión sino porque no puedo seguir siquiera de pie. Mi corazón late a mil por hora y es una tarea titánica el que no salga ahora mismo corriendo de la mansión para mandar todo al infierno. Pero me resisto, de otra manera sería muy obvio que yo no pertenecía a ese sitio.

Le doy las gracias al director de orquesta y me disculpo con la excusa de que sólo se me había pagado para dos actos. Intento pasar desaprrcibida, gracioso ¿no es así? Hace no más de media hora estaba buscando la forma de que todos me vieran y ahora no deseo otra cosa más que la tierra se abra y me trague para poder salir de ahí.

Pero, no estoy sola, no puedo irme sin Lestat; y no es porque ambos seamos compañeros de trabajo sino porque la verdad no deseo su segunda muerte. Mi instinto me dice que es posible que dicho evento se presente si no lo encuentro, ahora más que nunca es que necesito hallarlo, ¿¡por qué demonios no vi hacia dónde se dirigió cuando nos separamos!? Debí pensar en un punto de encuentro en caso de emergencias que no fuera el auto aparcado en el bosque, está muy lejos.

No me había sentido de ésta forma desde que estuve dentro de aquél maldito frasco donde pasé la mayor parte de mi existencia. Mi caminar ya no es el de una dama de sociedad sino de alguien que va con mucha prisa, es un milagro que pueda caminar sin trastabillar con el tacón que me quité a propósito fuera de la mansión. Puedo sentir en éste instante las miradas del cuerpo de seguridad del edificio sobre mi, cometí la estupidez de no mantener la calma como debía.

Les escucho aproximarse hacia mi, de no ser porque se supone debo ser discreta ya me habría puesto en acción como se debe; un mesero se atraviesa en mi camino pero al mismo tiempo en el de ellos, quedando yo entre la pared y el joven despistado.

¡Es mi oportunidad! Todos miran hacia la escalera, incluso el personal de servicio por lo que no puede ver lo que estoy a punto de hacer. En una fracción de segundo me acerco a una de las mesas y toco una de las estatuas de hielo; esa excentricidad fatua será ahora mi salvación, se trata de una escultura de la Venus del Nilo...

Los guardias pasan junto a la pieza de arte y no reparan en que curiosamente ahora mismo parece estarse derritiendo. Desde mi estado líquido puedo verles dividirse en busca de la intrusa, o sea moi; no puedo aventurarme a cruzar el pasillo, ¿y si un invitado se resbala y llamo la atención? Ahora no me queda de otra más que esperar a ver qué es lo que sucede y no puedo evitar el preguntarme qué habrá sido de mi blondo compañero.

¿¡Dónde demonios estás, Lestat!?
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Vie Sep 02, 2016 8:24 pm



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Una experiencia que no necesitaba. En eso se convirtió mi fachada que se salvaba de no ser algo completamente patético solo porque estaba funcionando; como de costumbre, la elegante gente de la alta sociedad, ataviada con sus lujosos conjuntos hechos a la medida poca atención prestaban a los camareros; simplemente una que otra mirada poco disimulada me llevé de las hipócritas damas que no dudaban en engañar a sus esposos con el primer hombre guapo que veían; y, es que era natural, un traje humilde no empequeñecía lo atractivo de mi apariencia, sobre todo no ante los ojos de las mujeres –y algunos hombres- que buscaban fuera del hogar la pasión de la que carecían.

Aproveché mi “labor” para dar un completo recorrido al primer piso casi entero, presté especial atención en la distribución, intentando discernir cual de todos sería el mejor lugar para esconder algo tan valioso; en medio de una fiesta nadie lo llevaría encima, por lo que en un lugar especial debía estar oculto. Tras pocos minutos la conclusión fue evidente, y decidí que tendría que subir, porque en el primer piso nada encontraría.

Si algo era Dolores, sin dudas aquello era una mujer ocurrente. Su distracción, aunque no fue la mejor, sí resultó efectiva; la discordante y ocasional falta de armonía en lo que llamaba “cantar” logró captar la atención de la mayoría, pues aunque burdo, su espectáculo resultaba llamativo.

Por un breve momento, hasta los guardias se distrajeron, pues probablemente no era algo habitual un espectáculo carente de elegancia; porque vamos, cantaba de forma decente, pero su voz carecía de la nitidez cristalina, como el tañido de suaves campanas, de las verdaderas “musas” que en tales fiestas se contrataba. Apoderándome de la bandeja de otro camarero que, sorprendido me insultó en voz baja, asesinándome con la mirada por mi trato abrupto, mientras resignado iba a por otra, me dispuse a subir las escaleras, para continuar la búsqueda para laque  Dolores intentaba comprar valiosos minutos extra.

Me vi forzado a ocultarme en una esquina cuando escuché un par de pasos que se dirigían hacia mí, ya que no parecían haber invitados a la vista en aquella planta, que pudieran contribuir a mi tapadera y, aunque deseaba mirar para ver quienes eran, no lo hice, procurando permanecer en las oscuras profundidades de un pasillo lateral por el que esperaba no pasaran. Si éramos descubiertos todo terminaría, y no precisamente bien, por lo que ser cuidadoso ahora era imperativo. Una vez el reverberar de los tacones de mujer al chocar contra el piso, se hizo distante, me atreví a seguir mi camino con cuidado; la segunda planta de la mansión tenía unas cuantas habitaciones, ninguna de las cuales parecía prometedora; no tenía tiempo para revisar todo en detalle, por lo que elegí recorrer todo primero para descubrir pistas que me condujeran al lugar del “tesoro”.

Como la fortuna sonríe a los inteligentes, no tardé en dar con algo que prometía; un par de guardias permanecían apostados frente a una puerta que permanecía cerrada, y en su interior de seguro había algo importante. La habitación se encontraba justo sobre uno de los baños de la planta baja, por lo que no sería difícil colarnos por ahí y escalar por el exterior, para evitar a los “mastodontes” que resguardaban la entrada.

Con una amplia sonrisa retrocedí por el camino que había seguido, procurando tener cuidado para que nadie me viera; Dolores ya no estaba cantando, y la gente volvía a sus charlas habituales, por lo que me tuve que arriesgar a bajar las escaleras sin distracciones que me ocultaran; aunque de forma muy curiosa, los guardias no miraban en mi dirección, sino que parecían buscar algo con la mirada, algo con cuyo paradero no lograban dar; y, porque no soy estúpido, me aproveché para retomar mi papel de camarero, mezclándome entre la gente con la bandeja que aún llevaba, mientras buscaba a mi compañera.

Deambulé hasta las mesas, sin lograr verla en parte alguna; ¿estaría bien? Esperaba no se hubiera metido en problemas, pues aunque jamás lo admitiría en voz alta, para esa misión la necesitaba. -Justo desaparece cuando la necesito… Casi tengo al alcance de la mano nuestro premio y ella decide jugar al escondite. Espero no se haya metido en problemas. – Murmuré junto a una de las pretensiosas estatuas que permanecían en el salón, aprovechando que el lugar me daba una gran vista de todo en el sitio.

Y aunque seguía buscándola con la mirada a ella, mis ojos no tardaron en retornar a la figura de una mujer que se me hacía familiar. Por más que lo intenté, no logré reconocerla, pero la sensación era persistente y no desaparecía; ella estaba junto al anfitrión, pareciendo ser una invitada de honor. -¿Dónde la he visto…? – Murmuré de forma distraída, comenzando a vagar en su dirección de forma casi inconsciente; para quitarme el molesto sentimiento decidí aproximarme, esperando que al verla de más cerca, finalmente descubriera de donde me sonaba.

-¿Desea una copa, hermosa señorita? – Dije al estar junto a la mujer de oscuro vestido, que parecía acompañar al que a todas luces era el anfitrión; algo me molestaba al contemplarla, pero me sorprendió notar que mi sonrisa era genuina, y sin duda alguna ya no pensaba ni remotamente en buscar a mi compañera.

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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Liliana of the Damned el Miér Sep 28, 2016 7:20 pm

Qué molesta resulta la audiencia de Mike una vez compartías con ellos directamente por más de tres minutos. Ricos pretenciosos, con temas tan banales e infantiles, pues lo que comentan sólo lleva en el trasfondo la intención de llamar la atención, impresionar, y no dejarlos mal en frente de sus iguales, cuyos fondos bancarios son tan largos como la carretera que los guiaba hasta la Mansión Osagie. La esbelta mujer de cabellos azabaches los escucha con una sonrisa imperceptible sobre las comisuras de sus labios, moderadamente interesada en atender a todo el relato. Detrás de ella, se puede respirar el tedio que le inspira semejante pérdida de tiempo, mientras en su mente otros pensamientos se gestan en auxilio a su necesidad por distraerse con algo más significativo.

Hay muchas personas, muchos cuellos de dónde escoger, y la verdad, es que ella tiene hambre. Ver las pieles pálidas palpitando suavemente en los escotes que las otras damas también cargan, se le antojan inmensamente tentadoras. Es diferente con los caballeros, que por formalidad ocultan la mayor cantidad de piel en esos carísimos trajes que exhiben tan orgullosamente. Hoy parece que el menú estará lleno de estrógeno.

Y Mike parece darse cuenta del desinterés de ella, pues la mira largamente con una mirada significativa. La mujer le devuelve el gesto, como si nada pasara, y él niega con la cabeza antes de reír y apurarse en contestar una pregunta que le han hecho. Han pasado desde hace varios minutos el interrogatorio de rigor acerca de ella. Osagie la presenta y habla de su tiempo juntos con jolgorio: se llama Liliana, y han sido amigos desde hace muchísimo tiempo. Él no sabría qué hacer sin ella, pues siempre lo ha apoyado en sus momentos de mayor necesidad, desde que era un simple vendedor de leche. La gente ríe. No se lo cree. ¿Cómo alguien tan inmensamente rico pudo haber comenzado tan abajo?

Con más de doscientos años listos para que él amasase la fortuna que quiera, es posible, pero esto ninguno de ellos tiene por qué saberlo. El tema se cambia rápidamente por otros más actuales en donde existe mayor participación.

Liliana, ahora sabemos su nombre, suspira, y retrocede sólo unos cuantos pasos. Quiere retirarse de allí sin llamar demasiado la atención, para centrarse en otras cosas de su interés. Y en ese momento, repentinamente, escucha una voz familiar dirigirse a ella.

El dueño de esas palabras está a su lado, ofreciéndole una bebida sobre la bandeja que sostiene. Su rostro es inconfundible, a pesar de estar usando ropas que jamás ella hubiese pensado que sería capaz de ocupar. La sorpresa se reprime en su interior; su rostro es un lienzo en el que sólo se muestra curiosidad y atención por el llamado que le ha hecho. Por dentro… un caos se desata, un millón de emociones que se tiñen de colores oscuros. Todo en cuestión de segundos.

Por supuesto, ¿qué es esto? ¿Champán? ¿No tienen bourbon para servir? ─pregunta, mientras desliza sus finos dedos por una de las copas para tomarla y darle un sorbo. Vuelve a sonreír, con mejor ánimo que cuando compartía junto a los ricos─ Nunca imaginé que entre los meseros tuvieran un personal tan atractivo. ¿Cómo terminaste sirviendo copas en esta fiesta llena de snobs, querido?

Lo halaga con naturalidad, mientras sus miradas se encuentran. Liliana sabe perfectamente quién es, pero duda que él la reconozca a ella. Muchas cosas han pasado, en los que le ha tocado enfrentar procesos dolorosos de reconstrucción y cambio desde su caída, tiempo atrás. Mantiene su esencia, lo primordial de sus rasgos, pero es distinta a la vez.

De pronto pasa un brazo por el de él para tomarlo y llevárselo hacia otro lado, sin que al parecer sea capaz de aceptar una negativa ante esto.

Estoy aburrida. Todas estas personas son demasiado tediosas y repetitivas, ¿te has detenido en algún momento a escuchar de lo que hablan? No deberías ni de molestarte, es una completa pérdida de tiempo ─la mujer ríe sin demasiado humor─ ¿A quién le importa cuál fue el último par de zapatos lujosos que obtuvo la esposa de un empresario para celebrar el cierre de un sustancioso contrato? A mí no ─comenta con franqueza, suspirando hastiada.  Para ese momento se lo ha llevado hasta el balcón, donde se ofrece la vista de las estrellas y hay pocas personas alrededor compartiendo el hermoso paisaje─ Tendrás que contarme algo que esté a la altura para olvidar todas esas sandeces. ¿Por qué no empezamos por tu nombre? ¿Cómo te llamas, muchacho?
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Re: Viejos conocidos [Privado]

Mensaje por Dolores Fortuna el Dom Oct 02, 2016 8:03 pm

Y ahí estaba, en todo su esplendor, con su larga y rubia cabellera que, incluso atada para fingir ser mesero se le veía bien; ahí venía mi caballero en su blanca armadura... y el muy hijo de puta se fue. Si salgo viva de ésta me las va a pagar como no tiene idea, el muy idiota se fue para ir a coquetear con la-- ah! ya sé cuál es tu plan. Eres basante listo, y yo que pensaba que los rubios sufrían del mismo problema que las rubias; créeme Lestat, tu sacrificio no sera en vano.

Debo hacer esto rápido, el tiempo apremia y bien puede ser que ahora mismo estén descuartizándolo en el balcón; ya todos están en lo suyo, los guardias buscan en el otro lado del salón así que es mi momento de escurrirme, literalmente, por algún rincón. Nadie presta atención al charquito debajo de la estatua de hielo, por fortuna hay una rejilla del sistema de ventilación muy cerca de la mesa, justo detrás mio y no me costó el meterme por las rendijas.

Creo que hubiera hecho esto desde el inicio, pero no había forma de imaginarse que las cosas se iban a complicar un poco; es mi culpa que Lestat esté en éste aprieto pues fue mi idea el infiltrarnos, sólo espero llegar a tiempo para que podamos largarnos sin problema. La idea es llegar a la segunda planta y más allá, revisando cuarto por cuarto sin que me noten; y eso hago al llegar a la primera habitación. Desde mi estado líquido observo y aguzo los sentidos para saber si no hay moros en la costa, tras percatarme de que estoy sola, salgo del ducto y tomo mi forma original.

Ya sin ese molesto vestido y de nuevo en pantalones de cuero, reviso cada cajón de esa habitación, con sumo cuidado y evitando hacer ruido. Se trata de un recinto de estilo victoriano, pero no me sorprende, dado que su dueño obviamente ama esa fase de la historia; hasta su fiesta tenía esa temática. El sonido de un par de tacones seguido del de dos pares de zapatos planos, si no me falla el oído, me alerta de la presencia de alguien en el pasillo; tres personas en total, ahora escucho sus vanas conversaciones, parece que planean tener una fiesta privada.

Sonrío de lado, espero que no entren aquí porque deberé cambiar de habitación, ni loca pienso quedarme a ver su espectáculo. Por fortuna pasan de frente y toman la habitación de al lado, sus carcajadas resuenan y traspasan las paredes, ¿por qué no las hizo de concreto en lugar de madera? Rompen mi concentración por un momento pero no es algo que no pueda manejar, después de todo me tocó hacer lo mismo pero con asientos de primera fila en esa estantería y durante siglos. En fin, dejando los dramas de lado, terminé de revisar todos los sitios posibles para poder guardar el portafolio y, como nunca vimos su contenido, literalmente revisé cada valija en ese cuarto.

Lo mismo hice con el siguiente, y con el siguiente, y con el siguiente; a éstas alturas ya noté un patrón en cada cuarto, todos organizados de la misma forma, el tal Mike debe ser un tipo que ama el orden y que se hagan las cosas como a él le gustan... o yo sobrepienso las cosas y sólo resulta que su ama de llaves tiene un amor insano por la limpieza y sencillez a la hora de arreglar cada habitación. Algunos eran dormitorios, mas había una sola que parecía ser más grande, eso lo supe por la distancia recorrida en cada cuarto; fue así que llegué a ese despacho.

Y ahí estaba, casi invitándome a llevarlo, un maletín sobre un escritorio que daba la espalda a un gran ventanal; me relamo los labios y me acerco hacia él cuando, de repente, alguien comienza a girar la perilla de la puerta ¡Fui una estúpida! Dejé bajar mi guardia por un momento, como no escuché pasos supuse que no había nadie cerca; oh, estaba tan equivocada.

Sin pensarlo dos veces, regreso el negro vestido sobre mi figura; tendré que jugar a ser la invitada despostada de nuevo, sólo espero que el hombre de traje blanco que ahora está en el marco de la puerta se lo crea.


—¡Ah! —emito un chillido de sorpresa y finjo un sonrojo —Creo que me equivoque de habitación, disculpe usted —camino hacia la puerta, esperando que no se interponga el anfitrión de la fiesta.
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